Madrid.- Parece que los pactos están de moda. Bien pudiera tomarse como algo positivo, en democracia los pactos y consensos es lo que se lleva. Sin embargo, ni el pacto que firmaron en México los tres principales partidos (PRI, PAN; PRD),  ni el que presentaron aquí en días pasados el gobernante Partido Popular (PP) y el principal partido de la oposición, Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en España, son la gran cosa.

 

El de México fue un gran impacto político. Le sirvió muy bien al presidente Peña Nieto para afirmar su figura como un político moderno y conciliador. Pero la fragilidad de ese acuerdo, que la tiene y puede ir creciendo, se debe a lo oscuro de su origen y de sus intenciones verdaderas. Las públicas, y publicitadas, son que el Pacto es un instrumento de consensos, que permitirán a la Nación avanzar modernamente, tomando en cuenta a los partidos políticos aun cuando no tengan el poder, etc, etc. Sin embargo, ni están todos los partidos, ni hay tal consenso.

  

El Pacto le sirvió a Peña Nieto por lo ya mencionado más arriba. Se supone que le daría una estabilidad al país, y una gran proyección al exterior. Creo que la proyección se logró. Pero habría que revisar algunos puntos algo ocultos.

 

Para empezar, si bien aparecen las firmas de los partidos, el Pacto es un instrumento de gran utilidad para los dos líderes de los partidos de oposición. Pero al interior de esos partidos no hay consenso en la participación en el Pacto. Esto es importante porque tanto en el PAN como en el PRD se han dado señales de cuestionamiento. Incluso de cierto boicot. De manera que a ratos parece que tanto Madero, presidente del PAN, como Zambrano, presidente del PRD, han atado su futuro al Pacto, a que salgan buenas cosas de ese acuerdo. Lo malo es que resultará muy difícil adosarle resultados positivos directos a corto plazo, o cuando menos se los van a escamotear. Y eso vendrá desde todas las trincheras. Porque cada quien intentará ponerse esas medallas, en caso de que existan.

  

Asimismo, es de tomar en cuenta que el Pacto no lo firma un personaje de gran importancia en la vida política mexicana, esto lo digo pésele a quien le pese, y me refiero a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Los lectores mexicanos ya lo saben, pero los españoles tal vez no, así que hay que mencionar que AMLO ya se salió del PRD y que está formando su invento nuevo llamado MORENA, Movimiento de Renovación Nacional.  Andrés Manuel se opone frontalmente al Pacto, bueno se opone a casi todo, pero con más vigor al Pacto. AMLO representa una fuerza importante, en las elecciones del 2012 obtuvo, según cifras oficiales, casi 16 millones de votos. Recuérdese que Mariano Rajoy obtuvo algo menos de 11 millones cuando fue electo presidente en España. Cierto es que AMLO ahora no podría movilizar a ese número de personas pero lo anoto para ponderar el peso que tiene en México.

  

Otros partidos que no participan son los pequeños, que aunque quieran, no les dan acceso.

 

Desde luego que el gobierno montó una gran puesta en escena, invitando empresarios, por ejemplo Carlos Slim, que respaldaron el Pacto.

 

A pesar de todas esas bendiciones, sí, también los curas saludaron al Pacto, ese acuerdo ya ha sufrido dos crisis severas y puede quedar suspendido en breve. La primera se debió a que se filtró a la prensa un video, o vídeo, en el que se ve claramente a funcionarios de la Secretaria de Desarrollo Social destinando recursos para comprar votos en Veracruz. El escándalo fue mayúsculo.

 

Se da la circunstancia que la jefa de esa secretaria, ministra, es Rosario Robles. Ella fue militante de la izquierda, y llegó a ocupar puestos de primer nivel, como ser Jefa de Gobierno del DF, y que salió malamente de la izquierda después de unos vergonzosos sucesos en los que se vio implicada por su relación sentimental y política con un empresario de origen argentino. Se recordará el escandalazo que dio la vuelta al mundo cuando se distribuyeron unos vídeos en los que se ve a unos políticos recibiendo maletines llenos de dinero. El empresario que daba el dinero, que grabó aquellas escenas y que después se las otorgó a la derecha, se llama Carlos Ahumada. La propia Rosario fue quien lo presentó con esos políticos que se ven recibiendo dinero.

 

El que a video mata, a video muere

Ahora le tocó a Rosario ser víctima de las tecnologías. En el video de ahora, se ve y se escucha clarito como se destina dinero del gobierno para que el PRI gane las elecciones. Ella se movió rápido y destituyó a los funcionarios que se ven en el video. Pero los partidos de oposición no iban a soltar la presa.  Fue el líder del PAN quien sacó el video, y exigió que el gobierno tomara medidas. No le fue suficiente con esas renuncias de funcionarios menores. Pidió más amenazando con cancelar el famoso Pacto por México. Algo se sacudió al interior del gobierno. Peña Nieto se vio torpe y prepotente en su reacción ante este hecho. Llevó a Rosario a un acto que no le correspondía y en su discurso, Peña Nieto hizo una pausa, se dirigió a ella para darle ánimos:   “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar porque han empezado las críticas, las descalificaciones de aquellos a quienes ocupa y preocupa la política y las elecciones”.

 

Con esto Peña no sólo no detuvo la crisis, la hizo crecer. Y despertó los demonios del pasado. Si ahora el PRI busca ofrecer una imagen de un partido moderno, de una manera de gobernar nueva, diferente a lo que hizo durante 70 años, con ese gesto lo  colocaron justo en el pasado, en los usos y costumbres del partido que dispuso del poder absoluto en México. Hizo que nos acordáramos de una ingrata expresión de Carlos Salinas de Gortari: “Ni los veo ni los oigo”.

 

Hubo un acuerdo y el Pacto se salvó. Ahora Zambrano ha pedido que se cancele hasta que pasen las elecciones del 7 de julio. Se recordará que ese día se celebran elecciones locales en 14 estados de México. Esto es una forma de presionar al gobierno para que no tenga la tentación de emplear recursos públicos con fines electorales.

 

 Se antoja difícil que una vez pasadas las elecciones el Pacto pueda revivir. Cierto es que dependerá mucho de los resultados, de las conveniencias de los firmantes. Por ejemplo, el PAN atraviesa una crisis severa. Desde que perdió las elecciones en 2012, no levanta cabeza. Ahora salen las contradicciones internas. Y el Pacto y las elecciones pueden salvar a su presidente.

 

En situación similar se encuentra el PRD.

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