En días pasados, la ciudadana francesa Flourence Cassez fue liberada por un fallo de la Suprema Corte de México.  Se da la circunstancia que Flourence fue detenida por formar parte de una banda de secuestradores y tenia sentencia para permanecer 60 años en prisión. Pero hubo una serie de malos manejos en su detención y en la manera en la que se hizo público su arresto. Al jefe de la policía de ese momento se le ocurrió que podía hacer un publireportaje e hizo que se repitiera la detención para que fuera grabada por una televisión. Pero algo salió mal y todo el montaje quedó descubierto. Flourence fue a la cárcel pero sus abogados recurrieron. El asunto saltó y contaminó las relaciones diplomáticas entre México y Francia. Fue tan fuerte el tema que, ante un torpe señalamiento del que fuera presidente de la nación gala, Nicolás Sarkozy, las autoridades mexicanas decidieron cancelar un programa de actividades culturales en Francia. Aquel programa se llamaba algo así como “El año de México en Francia”.

 

En Francia, amigos y familiares de la detenida formaron comités de simpatizantes, juntaron firmas, presionaron a sus políticos. Todo para que se liberara a Flourence. Supongo que ellos hacían lo que cualquiera hubiera hecho un ser querido.

 

Después de 6 años en prisión, Flourence ya está en París. Aquellos errores en su detención, y no su inocencia, llevaron a la Corte Suprema a ordenar su liberación.

 Los gabachos se apresuraron a recibirla como si fuera una heroína. Pero es una criminal, que participó de secuestros y torturas de personas. Eso está demostrado. Y los franceses la recibieron con alfombra roja.

Todos hacemos el ridículo. Las autoridades de ambos países, la policía y el sistema judicial mexicano, y sobre todo la democracia.  Entre otras cosas irritantes de todo esto, la propia Flourence declaró en Francia que con su liberación ganamos todos los mexicanos. Y de paso miente, porque dice que la declararon inocente, cuando en realidad la liberaron por el mal procedimiento que le hicieron. 

Los que peor salen de este asunto son las víctimas de la banda de Flourence. Por más que reconocieron a la francesa como parte de la banda, en concreto del grupo que las mantenía secuestradas, no se les hicieron justicia. Enviaron cartas a las altas autoridades que de nada sirvieron. Ahora, incluso, se dice que pueden ir a la cárcel ya que al prosperar los recursos que interpusieron los abogados de Flourence, ellos quedan como falsos testimonios. Una aberración total.

No sólo pierden las víctimas. Perdemos casi todos. Claro, la única que gana es Flourence y su familia. Pero hasta el gobierno galo que ahora celebra, le pone alfombra roja y otras parafernalias, después descubrirá que Flourence es una delincuente. Cierto es que las autoridades mexicanas cometieron errores en el procedimiento, y en la exposición del caso, como ya se dijo, pero eso no quita que ella sea una delincuente que hoy se pasea por las calles de París como si fuera Madame Curie o Juana de Arco, así la llamaron algunos medios franceses.

El caso Flourence fue utilizado por el actual gobierno de México para desmarcarse del gobierno anterior, para mostrar ante el mundo que sería diferente la política exterior mexicana. Esta jugada también le permitió quedar bien con los franceses, quienes se apresuraron a enviar especialistas para entrenar al nuevo cuerpo de gendarmería que se está formando en México.

Soy muy cándido, y todo esto tiene poco que ver con la democracia y sí con la grilla, con la politiquería.

Por acabar con una frase cursi pero certera, hoy la Justicia está de luto.

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