Después de un atravesar un mar de dudas, diría mejor “naufragar”, retomo la vida de este Chilango.

Hoy toca hablar de la situación política española.

Hay mucha tela de donde cortar. Para no perderme, haré notas cortas.

A Zapatero, hasta hoy presidente del gobierno español, le queda poco tiempo. Metió al país, y no se diga a su partido, en una tremenda crisis. Y no me refiero a la económica, que también puso lo suyo.

Nunca pensé que me desilusionaría tanto. Cuando sus primeros equívocos, como no reconocer que venía la crisis, se le justificó con el viejo argumento (envejecen las cosas cada vez más rápido) de que se trataba una crisis mundial. Poco a poco se fue quedando solo, enmarañado, revuelto en sus yerros e indecisiones.  La última gran hazaña es reformar la Constitución para limitar la deuda pública, para ponerle un techo. Este cambio lo pudo hacer porque logró un acuerdo con la derecha. Quienes dijeron “vengase para acá mi niño”.

Con esto, Zapatero entrega el poder sin más a la derecha. Cierto que en noviembre habrá elecciones. Para ello el Partido Socialista había nombrado candidato a  un peso pesado, Alfredo Pérez Rubalcaba, y parecía que podía dar algo de pelea en la campaña. Pero hoy, después de la reforma, no tiene mayor posibilidad. Bueno, sólo existe algo que podría cambiar el resultado.

En principio, Rubalcaba se negó a aceptar esa reforma. Pero, como decimos en México, le hicieron manita de puerco, y tuvo que aceptar.  Eso pone en serio peligro el llamado Estado de Bienestar. Uno asiste con asombro al recorte de gastos sociales (huelgas de maestros a la vuelta de la esquina) pero cuando entre en funciones ese cambio, se mermarán mucho más los servicios sociales y se perderán grandes avances logrados con muchos años de luchas.

El desconcierto es total en las filas del PSOE.  Una seña de identidad de izquierda se apaga. Ya les quedan pocas. Las meteduras de pata de Zapatero ahuyentan a su electorado. Y creo que saben que van a perder. Esperan el fuego purificador de las urnas, que dejará en el poder a Rajoy, harán una oposición feroz y volverán a las siguientes elecciones con otro candidato, candidata, con menos desprestigio.

Dos señales. Una, salió en días pasados una encuesta importante en la que el PP aventaja al PSOE en 13 puntos. Quedan dos meses para las elecciones y se antoja muy complicado que Rubalcaba logre remontar esa diferencia. Dos, hoy se descubrió que varios de los actuales ministros no quieren ser candidatos a diputados para las elecciones de noviembre. O sea que quieren alejarse del desprestigio zapateril.

Ahí va mi especulación: Rubalcaba hace una campaña sabiendo que va a perder. Se dan las elecciones y gana el  Partido Popular. Hay desbandada. Rubalcaba se convierte en el líder del PSOE en la Cámara de Diputados y líder de la oposición, le pega con fuerza a Rajoy gobernante, y  después se retira para que aparezca con fuerza la nueva candidata, que sería Carmen Chacón.

Lo único que podría trastocar el panorama electoral  es que ETA declare que deja las  armas y comience a entregarlas. Recuérdese que Zapatero derrotó a Rajoy después de los atentados de Atocha. No digo que sólo por eso ganó pero le ayudó bastante.

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