A Virtudes, con quien espero reconquistar la noche de  los jueves.

 

           

            Antes de convertirme en madre, cuando mi tiempo era mío y tenía el cuerpo descansado por dormir toda la noche de un tirón, acostumbraba yo a salir los jueves con mi amiga Virtudes. Daba igual que hiciese frío o calor, que lloviese o que hiciese viento. Los jueves por la noche eran de las dos. Paseábamos, íbamos de compras, charlábamos e íbamos a los bares a tomar cervezas. Los días en que hacía mal tiempo, había menos gente por las calles y por los establecimientos. Pero ella y yo éramos incondicionales. Desafiábamos a las adversidades climatológicas, a los cambios climáticos y a los tsunamis, de haberlos habido. Recuerdo un día en que hubo una tormenta eléctrica, se contaron más de mil rayos en pocos minutos. Esa noche era jueves y ni que decir tiene que vimos los rayos caer sobre la Bahía de Cádiz en vivo y en directo.

 

Soy de las que el día de los enamorados se lo trae al fresco, por decirlo de manera poco fina; vamos, que ni fu ni fa, y de las que piensan que es un invento del mercado para que nos lancemos a gastar dinero en busca del correspondiente regalito. Así que nunca lo he celebrado. Hace unos pocos años, el citado día coincidió en jueves, con lo que no hubo marido, novio ni amante alguno que me pudiese impedir salir con mi amiga. Y ni siquiera nos percatamos ninguna de las dos de que era el día de San Valentín, de los enamorados o, también llamado, del Corte Inglés. Simplemente, era jueves. Recuerdo que estuvimos en un centro comercial, de compras, y que luego, pronto (no somos muy de adquirir bienes y sí más bien de arrimarnos al sector servicios), nos encaminamos a por nuestra ansiada cerveza.

 Fuimos a un sitio al que habíamos ido en otras ocasiones. Ese día el bar estaba muy lleno, a nosotras nos extrañó, porque normalmente los jueves por la noche sólo nos solíamos tropezar a los recalcitrantes de la noche entre  los que, parece ser, nos encontrábamos nosotras.

  imagescatdk1vq.jpg                             (Imagen tomada de www.3xplod3.com)

Pero, como decía, esa noche estaba el bar sorprendentemente lleno. Y el ambiente era diferente. Cuando llegamos, el camarero nos encendió una vela que había en la mesa. El ambiente era cálido e íntimo; la música ambiental, el espacio a media luz, el crepitar de las velas, lo propiciaban.  Estaba muy distinto a como era habitualmente,  simplemente un bar de tapas.

 

-     Que raro está esto hoy, ¿no, quilla? ¿Qué pasará?

-     Pues no sé. Mira, fíjate, el camarero va a esa mesa con dos copas de champagne y con una rosa…


 De repente, atando todos los cabos, advertimos que el establecimiento esa noche ofrecía una cena especial para el día de los enamorados. En cada mesa, había una pareja, velas encendidas, copas y, a los postres, la casa agasajaba a los comensales con copas de champagne para todos y rosas para las señoras…

 

Así que, sin comerlo ni beberlo, valga la expresión tratándose de un bar, me vi en vuelta en una cena especial, del día de los enamorados… ¡con mi amiga Virtudes! Nos reímos muchísimo cuando nos dimos cuenta de la situación: los camareros nos habían tomado por pareja, y nos obsequiaban con los detalles previstos para las parejas que acudían allí a cenar celebrando el día de los enamorados. Nos sonreían al traernos las cervezas y las tapas… poco les faltó para guiñarnos un ojo. Uno de ellos, un hombre robusto de unos cincuenta años, no sólo nos sonreía, sino que se le notaba en la mirada una chispa de morbo y lujuria contenida mientras nos recorría con la mirada de arriba a abajo… el muy cabrón parecía imaginarnos haciendo la tijera.

 

En esas estábamos cuando me percaté de que, a los postres, sólo llevaban una rosa por mesa,  sólo para las mujeres (todas las  parejas eran heterosexuales)… y nosotras éramos dos. Así que ahí empezó nuestra discusión:

 

-     Virtudes, ¿tú te has dao cuenta de que sólo llevan una rosa por mesa?

-     Sí, sólo para las chicas, pero claro, nosotras somos dos chicas…

-     Mira, yo te voy a decir una cosa, si traen una sola rosa, cuenta con que es pa mí.

-     ¿Cómo que pa ti? ¿y eso por qué?

-     Porque tú llevas el pelo corto y yo tengo una melena rubia mu linda y mu femenina. Haber tenío tú el pelo largo y rubio también…

-     ¿Qué dices? Yo soy tan femenina como tú con el pelo corto y to. Así que lo echamos a suertes.

 

Lo cierto es que bromeábamos, nos reíamos pasando el rato. Pero yo tenía cierto nerviosismo en el cuerpo. Me violentaban un poco las circunstancias… ¿Nos traerían a nosotras también a los postres la copa de champagne y la rosa?, ¿traerían dos rosas o una? La incertidumbre me tenía algo nerviosa, así que me dediqué a tomar cervezas, con las consiguientes idas y venidas, con sonrisa incluida, de los camareros.

 

Cuando pedimos la cuenta, nos la trajeron acompañada de sendas rosas, una para cada una, y las correspondientes copas de champagne. Nosotras sonreímos y las aceptamos encantadas.

 

- Que detalle han tenío, Virtudes. Ahora no podemos decepcionarlos. Lo menos que podemos hacer es salir de la mano.

 

Y así fue el único día de los enamorados que yo he celebrado en mi vida.

 

 

 

 

del.icio.us Digg Facebook Technorati Google Windows Live Yahoo Feed Me Links Bloglines Diggita Mister Wong Spain Diigo Wink

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (No hay votos todavía)
Loading ... Loading ...

2 Opiniones en “San Valentín por sorpresa, por Ana Gaditana”
  1. Anónimo dijo:

    Estas situaciones imprevistas en que te sumergen las cirscunstancias son sin duda la fuente de experiencias deliciosas!

  2. Pablo dijo:

    Rubia Preciosa! ya nos vamos a cruzar un día de San Valentín! y si… quizas es tan solo un dia mas, pero tiene su magia
    Besos!

Escribe tu opinión

*
To prove that you're not a bot, enter this code
Anti-Spam Image