por Arturo Gamietea Domínguez

CNYN-UNAM

Pablo  era un joven de 22 años típico de su edad y condición social, muchas de sus conductas aún eran las de un adolescente. Sin embargo, le molestaba mucho su falta de independencia económica; aunque fácilmente conseguía dinero, bastaba pedirlo a sus padres, algo le indicaba que ya tenía que arreglárselas por sí mismo.

Sus amigos lo entusiasmaban para que entrara a la “neivi”, lo podría hacer puesto que aunque era mexicano, al vivir su familia en la frontera, como muchas otras personas había nacido en Estados Unidos, “te pagarán 600 dólares mensuales, no tendrás que gastar en nada, viajarás por muchas partes del mundo…” y comentarios como esos le animaban cada vez más.

 iraq_soldado_eeuu320.jpg

Pero una nube se cruzaba en ese horizonte tan “prometedor”, tenía que presentar, entre otros, un examen de matemáticas y por lo menos debería obtener 6 de calificación… ¿Por qué… y matemáticas? Eso de estudiar no era para él, nunca lo había sido y no quería ni siquiera intentarlo. Ya tenía el libro que debería estudiar, el abrirlo y cerrarlo fueron casi acciones simultáneas, de todas formas no entendía nada… ¿Quién le podría enseñar? Ninguno de sus antiguos profesores, con todos ellos había terminado de pleito.

Su amiga Guadalupe le recomendó un profesor de matemáticas, “es muy buena gente, no te va a fastidiar, es más dile que lo único que deseas es sacar 6, que no te la haga cansada”. Tuvo que pensarlo un poco, no mucho, ya no tenía tiempo.

Pablo quedó muy bien impresionado por el profesor; cuando le dijo que solamente quería sacar 6, éste esbozó una sonrisa, que no tuvo asomos de burla. El maestro revisó el material, preguntó el tiempo que faltaba para presentar el examen, hizo un calendario y le propuso trabajar todas las tardes una hora. Al parecer no era demasiado pero insistió en que no quería que le enseñara ABSOLUTAMENTE nada más que para sacar 6.

Todas las clases se iniciaban con el saludo de Pablo: “recuerde que no quiero nada más que 6”. El profesor no hacía comentarios, le preguntaba si había habido alguna dificultad con la tarea e inmediatamente se ponían a trabajar. Poco a poco el joven perdía su tensión y se dejaba llevar por el trabajo, cada vez se emocionaba más por los logros que alcanzaba.

Aunque el saludo de “sólo quiero 6” persistía, cuando rebasaron lo que sería el 6 Pablo continuó trabajando con mucho gusto, cada vez más interesado y sorprendido de lo que hacía y de lo que significaba cada una de las cosas que ya había visto en la escuela pero que nunca se había detenido a reflexionar.

Al faltar una semana para concluir, Pablo dejó las clases, fue a la armada y presentó su examen. El profesor estaba acostumbrado a que en cuanto un alumno empieza a poder hacer por si mismo algunas cosas, lo dejaban plantado;  tenía mucha curiosidad por saber cómo le había ido al joven.

No pasaron tres semanas cuando se oyó una llamada en la puerta muy insistente y enérgica. Era Pablo en la casa del profesor, estaba eufórico, acababa de recibir el comunicado de que había sido aceptado en la armada, que había pasado todas las pruebas, pero que por haber obtenido 10 de calificación en el examen de matemáticas, le darían 1000 dólares mensuales y no lo enviarían al frente sino a que se preparara como ingeniero en la rama que más le gustara.

 

del.icio.us Digg Facebook Technorati Google Windows Live Yahoo Feed Me Links Bloglines Diggita Mister Wong Spain Diigo Wink

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (No hay votos todavía)
Loading ... Loading ...

Escribe tu opinión

*
To prove that you're not a bot, enter this code
Anti-Spam Image