Pues no, no me tocó subir a las montañas que rodean Madrid en estos días de fiestas. Pero  me gustó hacer referencia  a la novela del  viejo liberal (de los de verdad, no como los de ahora) Ignacio Manuel Altamirano. Así puedo hablar de las festividades de estos días.

En España se celebra la navidad casi de la misma manera que en México. No tienen posadas pero, como ya se contó aquí hace tiempo, es muy importante la lotería. Ya sé que no es lo mismo pero es casi igual por la cantidad de euforia que produce.  Ayer se hizo el sorteo y se dice que cada español se gastó 70 euros de en promedio en esto. El primer premio este año fue de 3.000.000 euros, que son algo así como 56.557.273,865 pesos. Eso pone eufórico a cualquiera, incluso al presidente del Banco de España en estos tiempos de crisis.

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Las calles, a pesar del canijo frío, están llenas de personas deseosas de comprar, a pesar de la crisis, de comer en restaurantes, a pesar de la previsible acumulación (no originaria) de las grasas,  en resumen hay mucha gente con hartas ganas de pasar un rato agradable a pesar de los pesares.

Posada Mexicana

Todos los años organizamos con familiares y paisanos una posada en Madrid. Para quienes tenemos hijos es muy importante que vivan esas fiestas, que al margen de cuestiones religiosas, forman parte de nuestra cultura. Además, los españoles no tienen la menor idea de que celebremos de manera tan gozosa estos días y se divierten  mucho. Me cuentan desde México que esas pachangas ya casi no se hacen por lo que desde aquí propongo que las declaremos en peligro de extinción (como las pulquerías, que ese es otro proyecto).

Este año además de pedir posada, romper una piñata y tomar ponche, hubo un bailongo pleno. Desfiló la música de Lobo y Melón, Los Tigres del Norte, Enrique Guzmán, La Sonora Santanera, Pérez Prado, Piporro y muchos más.   Fue divertido.

Desde luego que en esta valoración de la posada se debe tomar en cuenta que a la hora de pedir posada los heroicos que estuvimos fuera, los que pedimos posada, tuvimos que soportar una temperatura de 0 grados.

Cena navideña

Antes de la cena se proyecta por televisión un tradicional mensaje de Juan Carlos I. A lo largo de todo el año se hacen chistes sobre este mensaje. Entre otras cosas porque siempre dice lo mismo. Para este año se especulaba sobre si se atrevería a pronunciar la palabra crisis. También para la clase política es interesante escucharlo porque podría fijar posturas en algunos temas. Pero no fue el caso este año, Lo más relevante para los medios de comunicación  fue que utilizó algunas expresiones coloquiales para referirse a la necesidad de la unidad frente a la crisis.

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 Como en México, aquí se hace una cena navideña de gran variedad. Abunda la comida y uno debe medirse para poder probar de todo. Para iniciar hay lo que podríamos llamar botanitas variadas. En esta ocasión, para una fecha especial,  pueden ser de diseño, o sea muy modernas. Después viene una sopa,  como un caldo de jamón o de marisco. Lo siguiente pueden ser productos del mar: o el carísimo marisco o un pescado de buena condimentación. Después viene el plato fuerte. Tradicionalmente se comía cordero pero ahora también el pavo ocupa un lugar importante y en general, cualquier carne poderosa se degusta en este momento de la cena. A continuación, y en aparente final, aparecen los postres.

Todo esto va regado generosamente con distintos vinos, a los que se les puede llamar caldos, que varían según la comida. Siempre se ha dicho que el vino blanco se toma con el pescado y el tinto con las carnes rojas pero esto es relativo. En estos casos dada la diversidad de alimentos, uno acaba probando varios tipos de bebidas. Así por ejemplo, para la botana se puede tomar una cerveza o una copa de vino tinto. Después con el pescado aparecen los vinos blancos y rosados. Con la carne viene mi favorito: el vino tinto. Después de los postres, se toma una copa de cava o de sidra. Pasado un momento se toma café y después una copa de algo distinto. Puede ser un licor dulce o un trago algo más serio. Es una gran cantidad de alcohol aunque también es mucha comida.

Después de la cena, con la panza llena, algunas familias conservan la costumbre de cantar villancicos. Eso se hacía en los pueblos antiguamente y representaba la única diversión posible en estas fechas. También se practican juegos de mesa.

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