Por Arturo Gamietea Domínguez

Generalmente, cuando uno se topa con cuentos relacionados con genios dentro de botellas que ofrecen tres deseos a cambio del alma, uno se pregunta: por qué el protagonista no pide algún antídoto contra la venta del ánima o un amuleto que le otorgue un número ilimitado de deseos; entre ellos la de la salvación o por lo menos un poco de sabiduría para elegir correctamente los dos restantes.

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(Tomado de www.fotolog.com.ar/a-n-d-r-e-a_20)


En el caso que nos ocupa hoy, el genio de la botella ofrece satisfacer todos los deseos de amor, dinero y poder mientras se posea el mencionado frasco, pero quien muera siendo dueño del entregará su alma al maléfico.

 

La restricción que impone, es que se debe escoger el precio inicial de la botella, y que para deshacerse de ella se tiene que vender, pero el precio de venta debe ser menor que el de la adquisición. Así que la pregunta inmediata es ¿cuánto se está dispuesto a pagar por dicho artilugio?

 

Por dos razones no podrá venderla a 1 centavo, porque no hay centavos en el sistema monetario mexicano y porque el comprador no podría venderla a un precio menor. Tampoco la podría vender a 2 centavos por los mismos argumentos. De igual manera ocurre con tres, cuatro, cinco y así sucesivamente con cualquiera cantidad de dinero.

 
Sin embargo, la tentación es grande y a pesar de que la inducción matemática nos demuestra que no debemos hacer la compra por ninguna cantidad de dinero, quizá no sea difícil dejar de pensar en conseguir 1000 o 10000 pesos para la inversión inicial.

 Y ¿después? Bueno… ya habrá alguien a quien le toque…

Desde el punto de vista lógico un problema equivalente sería tener a una persona sentada en una silla atada con unos electrodos y conectada a una perilla.

Cada vuelta a la manija incrementa imperceptiblemente la corriente eléctrica en los electrodos; si se ofrece una cantidad de dinero a los transeúntes por cada giro que se le dé a la perilla y suponiendo que el número de vueltas que se requiere para electrocutar al sujeto es de 10000, ¿cómo se les asignaría el grado de culpabilidad a quienes manejaron el botón?

 
Aunque son problemas ficticios, tienen su contraparte real y nos los encontramos frecuentemente. Acusamos al último que se sirvió la sopa de que se la acabó; cuando todos la tomamos de la misma olla.

 
Hay estrategias de ventas en las que los primeros compradores tienen muy buenas ganancias, pero los consumidores posteriores finalmente ¡pierden todo! Como en las llamadas pirámides.
 

Sucede lo mismo cuando se desperdician los recursos naturales o no se tiene el cuidado de prever que vendrán otras personas a ocupar el mismo espacio…

 
Así que estimado lector, hay que hacerle caso a la inducción matemática que nos demuestra que no vale la pena comprar la botella con un genio dentro, por muy fascinante que sea su contenido.

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