Hoy comenzamos una nueva sección. La llamaremos “En todos lados hace aire…” y se ocupará de algunas cuestiones que ocurren aquí y de las que los mexicanos no tenemos la exclusiva.

El partido político de la derecha española, el Partido Popular (PP) vive una tremenda crisis. Después de perder las elecciones generales de marzo pasado, aparentemente todo el aparato del partido cerró filas en torno a su candidato perdedor, Mariano Rajoy, para cobijarlo y respaldarlo. Pasados unos días, Rajoy compareció para asegurar que seguía al frente del partido cerrando así esa crisis postelectoral. Pero fue una cerrada en falso. Ahora los afilados cuchillos se alistan para ajustar cuentas internas. Pareciera que la batalla es entre moderados y duros pero puede haber algo más.

El viernes pasado asistí a un mitin, una concentración frente a las oficinas del Partido Popular en Madrid. Se supo que un grupo de descontentos con Rajoy se manifestaría pero también otro grupo a favor anunció un acto de apoyo. Así que, morboso como soy, allá que fui.

Me acordaba de aquella frase que John Lennon soltó durante un concierto de los Beatles en un teatro de Londres. Dijo que la gente que ocupaba los lugares más alejados al escenario tenía que aplaudir mucho. En cambio los de las primeras filas con que agitaran un poco sus joyas estaba bien. Al acto del viernes asistió gente con pasta y abrumadoramente de cierta edad. Pocos jóvenes y pocos obreros. Además, en número no alcanzaron las 200 personas, quizá por la lluvia, y a cada paso se encontraba uno con periodistas. Por fortuna los seguidores de Rajoy no comparecieron de manera que no hubo mayores pleitos. Más adelante contaré con más detenimiento el acto. Por lo pronto se puede ver el tipo de gente que acudió. La señora que lleva el gorrito va envuelta en la bandera de España pero también lleva un bolso de marca.

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El actual enfrentamiento tiene dos bandos. En uno la cabeza visible es Mariano Rajoy y en el otro no queda claro quien es el líder. Hay varios personajes de la línea dura que quieren ver lo que ocurre para decidirse salir a escena. Es posible que quien mueve los hilos sea José María Aznar.

Antecedentes.

Después de varios fracasos, la derecha española en 1989 cambió el nombre a su partido (Alianza Popular) refundándose dando origen al Partido Popular. Poco después fue nombrando presidente del partido un joven y desconocido José María Aznar. Se sabía que había sido presidente (gobernador) de la Comunidad Autónoma de Castilla y León y poco más. Pero ante los malos resultados, casi cualquier cosa podría mejorar a ese partido (Recuerdo al anterior presidente, se llamaba Antonio Hernández-Mancha, y era patético).

Poco a poco Aznar se fue haciendo con las riendas del partido. Es innegable que logró darle cohesión y disciplina. Dos veces fue candidato a la presidencia del gobierno español resultando perdedor. Fue hasta la tercera, en 1993, en la que derrotó a un desgastado Felipe González aunque sin obtener la mayoría absoluta. Tuvo que pactar con partidos nacionalistas, Partido Nacionalista Vasco y Convergencia i Uniò de Cataluña, para poder gobernar.

La desgracia comenzó en 1996 pues el Partido Popular ganó las elecciones generales con mayoría absoluta. Al decir que es una desgracia no lo digo porque no me guste el Partido Popular, en buena lid democrática ganaron esas elecciones. Pero ese poder excesivo resulta contraproducente cuando no se tiene la capacidad para digerirlo con sencillez y humildad.

En efecto, de pronto España a Aznar le quedó pequeña y, como diría José Alfredo, se sintió superior a cualquiera. Vimos actitudes prepotentes y desequilibradas. Por ejemplo la fastuosa boda de su hija. Es la época en la que Aznar se va a conquistar el mundo y forma parte “fundamental” del triunvirato con Bush y Blair en la guerra contra Irak.

Nadie rechistaba las órdenes de Aznar. No se movía un papel, no existía la más mínima discrepancia. A los que se atrevieron a opinar de manera distinta, algún ministro lo hizo, fueron duramente criticados y al tiempo apartados de sus puestos. Aznar manejaba a su antojo y pareciera que todos estaban de acuerdo con sus propuestas y políticas de gobierno.

En un arranque de soberbia y sin  medir las consecuencias, Aznar declaró que no se presentaría a un tercer mandato,  de manera que llegado el momento designó como su sucesor a Mariano Rajoy. Todo el partido se puso en marcha para lograr que Rajoy ganara las elecciones de 2004.

Sin embargo, esto no ocurrió. El llamado por la derecha Bambi, José Luis Rodríguez Zapatero logró la victoria en aquellas elecciones. Cierto es que los terribles atentados cometidos por radicales islamistas en el metro de Madrid, que provocaron la muerte a casi 200 personas, pudieron mover un poco los votos y que el PP se obcecó en demostrar, por decirlo suavemente, que esos crímenes los había cometido ETA pues así se justificaba. 

Lo explico un poco. Aznar se empeñó en meter a España en la guerra. Hubo grandes manifestaciones en contra de esa decisión pero al pequeño líder de la derecha española no le importaron. Cuando se dieron los atentados era fácil pensar que fue la respuesta  aesa participación española en la guerra. Ya había ocurrido el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y poco después también Londres sufriría ataques. Así que lo mejor era achacar a ETA los atentados de Madrid.  Ese fue el discurso y el recurso para justificar su derrota y estructuró buena parte de su estrategia de oposición al gobierno de Rodríguez Zapatero. En esto el PP no iba solo: los medios de comunicación más conservadores se sumaron gustosos. Básicamente la emisora de radio COPE, de la Conferencia Episcopal, y el periódico El Mundo, ahondaron en esas tesis. 

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