Por Guillermo Torres Carreño

Los pueblos indígenas son capaces de aportar lo necesario para complementar un proyecto en conjunto e integrados en la sociedad mexicana, indicarnos el camino, el establecimiento de una democracia participativa que rebasaría la democracia representativa. No se trata de abolir las instituciones de la democracia existente, los partidos y los procedimientos electorales, sino de complementarlos con formas de democracia directa que pueden ser análogas a las que constituyen el ideal –no siempre cumplido– de los pueblos indígenas. También aquí puede servirnos de norma una regla tradicional de los Gobiernos indígenas: quienes detentan el poder, deben “mandar obedeciendo”.

La tercera y última línea en la transformación de un proyecto de nación está igualmente ligada a la presencia creciente de los pueblos indígenas.

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Tomado de www.soberania.org/Articulos/articulo_2935.htm

En este punto es necesario aportar los resultados de la investigación realizada por la antropóloga y demógrafa Luz María Valdés, a finales de la década de los ochenta, quien junto con su equipo de científicos, con sólo cambiar una pregunta: “¿tú eres indio?, cuya respuesta automática era “no”, por otra que sondeaba:¿qué idioma hablan aquí?; produjo la realidad sorprendente de que la población indígena se triplicara hasta llegar a los 15 millones de indígenas en la República Mexicana, pues con este procedimiento quedaban registrados hasta los niños indígenas menores de 5 años. Y como demógrafa pudo calcular los conos de crecimiento y encontrar que la población indígena – pese a todo – se duplica cada 15 años. De modo que para mediados de este siglo XXI, México será un país con una población de 45 millones de indígenas para el cual, el régimen que gobierna en México no tiene un proyecto político definido.

La sociedad mexicana necesita una renovación moral y apunta hacia una realidad innegable; la sociedad mexicana actual (como fruto del proceso de globalización) está basada en el individualismo; el egoísmo de los intereses particulares, la falta de solidaridad humana, la violencia generalizada, el olvido de un bien común que todo lo corrompe. Las comunidades indígenas, después de cinco siglos, han perdido muchas de sus antiguas instituciones y normas colectivas, pero conservan el aprecio por ciertas virtudes comunitarias ajenas al individualismo posesivo del modelo neoliberal. Su ideal de comunidad contrasta con el aislamiento exclusivamente en sus intereses del hombre moderno, pudiendo contribuir a restaurar virtudes olvidadas. En una comunidad cada quien tiene por valor superior el servicio, la entrega y contribución a “un todo” al que pertenece, sin buscar intereses personales. El don del sí, la fraternidad, el trabajo solidario, el desprendimiento personal, están presentes en el patrón civilizatorio de las culturas indígenas.

Los pueblos más pobres de México, los que aún conservan su antigua sabiduría de vida, pueden contribuir a la renovación moral de este país. Una conjunción de la concepción moderna de los derechos individuales, fundados en la dignidad de la persona y los antiguos valores de la comunidad, fincados en la realización de cada individuo por su aportación y participación. Una vez más, un lema del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ilustra esta necesidad apremiante: “Para todos todo, nada para nosotros”.

¿Cuál es el futuro de los pueblos indígenas?, al menos hasta ahora han demostrado ser un motor en la transformación de un proyecto de nación:

1. Del Estado homogéneo a un Estado plural, respetuoso de la diversidad.

2. Del Gobierno centralizado a una democracia participativa, basada en la autonomía de todos los grupos sociales.

3. De la asociación individualista o elitista a una verdadera comunidad.

Esta es, una síntesis bastante breve y general de un trabajo que coincide, largamente, con la lucha por difundir los valores de las culturas autóctonas mexicanas.

EL EZLN COMO IDENTIDAD MEDIÁTICA.

Cabe destacar que es importante ligar la relación que existe entre la difusión cultural y la búsqueda identitaria ante la imposición del “pensamiento” único neoliberal. El Movimiento Zapatista pretende simplemente mediar en lo que puede ser un diálogo, un intercambio de ideas y opiniones que fortalezca la identidad de los pueblos y entre los pueblos, partiendo desde los núcleos más elementales como sucedió con los grupos étnicos en Chiapas, y a su vez proyectándose hacia el exterior, no solamente en México, pero dejando claro que en cada lugar se respeten las costumbres y tradiciones locales; buscando así el modo de ser incluyente con otros puntos de vista que retro alimente y den congruencia a esto. ¿Cómo puede lograrse tejer esos puentes, cómo generar esos encuentros entre la sociedad?, ¿Cuál es la mejor manera de darle forma orgánica y sistemática a esa difusión, esa información que comunique idiosincrasias, “culturas”, “grupos”, “etnias”?, ¿Cómo se pueden conjugar para llegar a una sinergia que se complemente como un todo?… Pero yendo un poco más allá, la inminente trascendencia de cualquier barrera de filiación política. ¿Cómo puede definirse este movimiento como el germen de encuentro entre la sociedad civil de diferentes contextos? ¿Qué papel juega la difusión del conocimiento y la sabiduría, la cosmovisión indígena como parte importante en la búsqueda identitaria de la sociedad mexicana, cuando el común denominador que existe es una raíz que no pretende volver al pasado sino retomar sus orígenes para repensar en conjunto como puede proyectarse el futuro? A modo de dato curioso se cita una frase que el escritor Carlos Fuentes mencionó en una conferencia que ofreció a los alumnos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey: “el reto de la sociedad mexicana es recordar el futuro para proyectar el pasado”; y si bien no existe algún texto bibliográfico que lo sustente, simplemente se pretende comentarlo.

¿Qué relación tiene el punto anterior con el posible enfoque informativo y formativo que puede dársele en un momento dado con la organización comunitaria, entendiendo como comunidad cualquiera que sea el contexto en el que se encuentre la misma, es decir, entre barrios dentro de las ciudades o cualquier otro tipo de asociación? Lo anterior es: ¿Qué importancia tiene esa organización de pequeñas “células” sociales para permitir esa interacción, esa “expansión”, esa implosión (cultural e ideológica, o tal vez filosófica dentro de los preceptos de la cosmovisión indígena), esa catarsis tal vez? La idea es que se dé, de alguna manera, ese descubrimiento de lo que los indígenas nos pueden aportar culturalmente hablando, que se supone es parte importante para generar esa identidad e intercambio cultural que, sin duda, puede reflejarse en las nuevas generaciones. En este punto el zapatismo está instrumentando de manera sistemática y organizada esa importante difusión.

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Una opinión en “Identidad cultural de los Pueblos: Las “Culturas ancestrales” de México, opción política actual (II)”
  1. ennovi dijo:

    Es Realmente agradable leer algo que hable de los indigenas y de su estructura enalteciendo sus costumbres, así como su ideología ya que como mexicana les puedo comentar que amo mis raíz y me molesta y lastima que siempre nos ponen como pobres, ignorantes, que solo sufrimos y no podemos aspirar a mas o que no podemos aportar mas que lastima asi que doy gracias a Guillermo y a el Chilango por hacer que una parte del mundo se entere lo que vale la cultura indigena y lo que puede aportar si realmente se le diera la apertura necesaria.
    Gracias por recordarnos que los indigenas son tan importantes como todo el resto de la humanidad.

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