Gestación del metro (I)

Arturo Gamietea Domínguez.


Actualmente la trivialidad de la aplicación del sistema de pesas y medidas nos impide reflexionar sobre lo maravilloso que es éste. Es racional, coherente, es un lenguaje universal que ha puesto orden y razón en el intercambio de bienes e información. Sin embargo, su proceso de elaboración fue largo y escabroso.

Cuesta trabajo imaginar que a fines del siglo 18, en Francia, su sistema de medidas difería no únicamente de provincia en provincia, de distrito en distrito sino casi de ciudad en ciudad.

Algunos contemporáneos estimaron que había 800 nombres con los que el régimen monárquico francés empleaba una lista de ¡250000! unidades de pesos y medidas diferentes. Ya se podrá imaginar amable lector, lo terrible que serían las clases de aritmética de esa época con tantas transformaciones.

Para terminar con aquella “Torre de Babel”, en junio de 1792, alrededor de las promesas revolucionarias de igualdad, dos astrónomos tomaron direcciones opuestas para hacer una extraordinaria búsqueda: un patrón de medida universal; para ello tuvieron que medir al mundo o al menos aquel pedazo del arco del meridiano que pasa por Dunkerque, París y Barcelona.

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 Ilustración tomada de digits.cat/colaboracions/detall

 

Uno de ellos, el erudito y cosmopolita Delambre tomó camino hacia el norte de París, mientras que el cauto y escrupuloso Méchain hizo lo propio hacia el sur.

 
La esperanza consistió en que todas las personas del mundo lo utilizarían como un patrón de medida común, ¿qué mejor que una parte de la tierra madre? Su tarea era establecer esta nueva medida: “El metro”; como la diez millonésima parte de la distancia del polo norte al ecuador.

 

Una medida obtenida de esta forma sería imperecedera, pertenecería a todos por igual y se evitaría el celo de considerarla como la imposición de alguna nación o grupo particular; esto último por cierto, lo más difícil de la obra.  

 
Todo este empeño fue parte del proyecto de varios sabios cuando crearon al sistema métrico decimal durante la ilustración; una época en la cual la razón fue elevada al rango de “único tirano del universo”. Por supuesto que estaremos de acuerdo amable lector, que al ser tirano seguramente, por muy bueno que parezca, puede tener algunas consecuencias no muy agradables…

 
Por siete años Delambre y Mechain viajaron por el meridiano mencionado para extraer un único número de la superficie curvada de nuestro planeta.

Su misión los llevó a las partes más altas de las agujas de las catedrales, a las cimas de los domos volcánicos, pero también muy cerca de las guillotinas. 

 

Fue una operación de precisión exquisita para esos tiempos tan violentos. A cada paso encontraban suspicacias y obstrucción ¿quién tenía la ocurrencia de medir a la tierra mientras el mundo se volteaba bajo sus pies por los efectos de guerras entre propios y extraños?,  ¿quién propone un orden nuevo cuando todo el país estaba en caos?, ¿quién establece estándares cuando todas las cosas se arrebatan?

 

Efectivamente amable lector, ya se me está adelantando y también estaré de acuerdo, quizá sea el mejor tiempo.

 

Los resultados de los trabajos fueron conservados en una barra de platino puro, fue un momento de triunfo, probó que en medio de una conmoción social y política la ciencia podía proporcionar algo permanente.

 

Pero esto es sólo la gestación, ¿qué hay del parto, del recibimiento? Es difícil pensar que esa maravilla con la que medimos actualmente en la mayoría de países pudiera haber tenido problemas…

 

La continuación en la próxima entrega…

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