Madrid.- desconozco si actualmente el tema del naco se debata aún en México. Hace unos años sesudos analistas, con el Monsi a la cabeza, describían e indagaban sobre el ser nacional. Creo que es un tema recurrente.

Pudiera ser un asunto baladí, menor si se quiere (no lo creo) pero es harto sabroso para hincarle los dientes desde Madrid. Primero quiero dejar establecido que no hay nada más naco que hablar de lo naco. Pareciera que hablar de ello nos aleja, nos aparta del calificativo pero acaba remitiéndonos, irremediablemente, a nuestra propia naquez. Y ese juego de avestruz es particularmente naco.

La naquez tiene muchas posibilidades. De esto se podría hablar mucho pero para simplificar digamos que cada clase social, si me permite emplear tales categorizaciones, tiene sus expresiones náquicas. Las de la clase media son especialmente abundantes, y tal vez las más grotescas. Van cuatro ejemplos de la naquez mexicana importada a Madrid.

Hace unos años andaba yo tarugueando por la Plaza Mayor y al ver unos escaparates oí que alguien detrás de mí hablaba con un fuerte acento mexicano. Me volví rápidamente para saludar a los paisanos, me daba gusto hablar con gente de mi país. Pero al advertir el tipo de personaje que era se me cortó el furor nacional: el típico señor moreno con bigotes de aguamielero, con lentes oscuros y cargado de oro en collar, anillos, esclava y dientes. Le decía a su mujer: “vieja entremos a esta pinche tienda, te la voy a comprar toda que para eso traigo harta lana”. Vino a mi mente el reportaje que PROCESO publicó sobre el Trampas, líder sindical de PEMEX. Era igualito. No hablé con él pues su prepotencia me hizo salir corriendo.

Otros casos parecidos son los de aquellos paisanos que hacen su primer viaje a Europa y que se dedican a beber durante todo el vuelo. Total, si ellos pagaron completo y la bebida entra en el precio. Al rato andan botando y les vale madres el resto del pasaje. Cuando las aeromozas se niegan a servirles más, se ponen prepotentes y dicen que han pagado por todo. Llegan a Europa con una cruda tremenda y no tienen ganas de ver museos y cosas de esas. Mejor seguirla, psss ya que, dirán.

En otra oportunidad estaba en un restaurante en Bruselas. Entraron tres personas que parecían mexicanos. Era un tipo como de mi edad, o sea en la flor de la vida, acompañado por una pareja de personas mayores de aspecto humilde. Se sentaron en la mesa que estaba al lado de la mía. Pude escuchar que no se entendían con la mesera a la hora de pedir la comida. Me acerqué para echarles una mano pero el hijo, tal era el parentesco, se puso bravo. Le sugerí que no le pidiera a su madre bocadillos de jamón porque era del tipo serrano y para la gente mayor que no está acostumbrada resulta incómodo de comer. Medio me insultó y dijo que tenía dinero para pagar. Me retiré para evitar más panchos pero cuando les trajeron la comida la señora sufrió para masticar aquello. Después pensé que una parte de su actitud se debía a la desconfianza chilanga.

Otro caso de la parte insoportable de la naquez la encontramos la siguiente anécdota vivida por un conocido político mexicano que mandaron a Madrid, tal vez como premio de consolación, y al hacerse cargo de la embajada asistió a una entrevista matutina en una estación de radio llamada Cadena Ser. Al iniciar la entrevista el ex presidente del PRI lanzó un capote al periodista, líder de audiencia, diciéndole que sabía que era un periodista importante pues había seguido detalladamente su carrera. Ni tardo ni ocioso, el entrevistador le reviró con un simple “sabemos que llegó el día de ayer a Madrid” o sea, no mames, no intentes congraciarte con esos comentarios. Faltaba que Rosario apareciera por ahí con su sonrisa y su…sobre. Cuando menos esa era la mentalidad del político mexicano entrevistado, tirando a chicharronera.

Por su parte, los estudiantes mexicanos en Madrid también aportan su dosis de naquez. Este caso es, además, lo más lamentable. Corría el mítico año de 1994, en una facultad de la Universidad Complutense apareció a destiempo un numeroso grupo de alumnos mexicanos. Venían con intenciones de cursar un programa de doctorado que aquel año no se abrió por lo cual tuvieron que refugiarse en otro. Entre ellos había alguno brillante pero el grueso no se sabía muy bien que era aquello de hacer un doctorado. Además vivían en zonas caras de Madrid, llevaban coches y presumían de irse a distintos puntos de Europa con cierta frecuencia.

Hasta aquí todo normal si pensamos en que fuesen personas con recursos para llevar ese nivel de vida (cosa que otros estudiantes ni soñando podían hacerlo). Sin embargo, como estudiantes dejaban mucho que desear, no hacían los trabajos ni exponían las clases que les correspondían. Y lo que es peor, los más “intelectuales” se permitían el absurdo juego de alburear a las profesoras. El lector estará de acuerdo conmigo en que no tiene mayor gracia alburear a personas que no entienden los albures. Total, un desastre. Después supe que formaban parte del grupo de colosistas que no alcanzaron hueso en el gobierno de Zedillo y que fueron premiados con grandes becas casi para quitárselos de encima. Una consecuencia de su actuación fue que los coordinadores de ese doctorado prácticamente cerraron el acceso a mexicanos. Entre ellos a quien escribe estas líneas, por cierto.

Esto es la parte insoportable.

Pero que el lector no se sienta solo y ni orgulloso de que México es el único país en el que se encuentran nacos. La versión española es el llamado “Hortera” y también “paleto”. O sea que tampoco la exportación de este género salvará la maltrecha economía mexicana ¿Habrán abordado este tema en las negociaciones del tratado de libre comercio con Europa? Ni menciono el TLC, porque los yanquis también en la producción de nacos nos ganan.

Después de tantas cosas vividas, de mujeres conocidas –también en el sentido bíblico-, de estudios hechos, de libros leídos, músicas escuchadas y películas y exposiciones vistas, de tantas charlas estimulantes, y de vinos y comidas ingeridas, después de todo esto he llegado a la conclusión de que, en realidad, lo único que he hecho todos estos años es sofisticar mi propia naquez.

¡Ah! Y disfruto de las canciones de Celso Piña.

del.icio.us Digg Facebook Technorati Google Windows Live Yahoo Feed Me Links Bloglines Diggita Mister Wong Spain Diigo Wink

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (4 votos, media: 5 de 5)
Loading ... Loading ...

7 Opiniones en “La insoportable naquedad del ser”
  1. Fernando dijo:

    Pues me he quedado igual con lo de la naquez :D

    Por cierto, te está quedando muy bien la plantilla, y tengo una duda ¿como has hecho lo del cambio de tamaño de texto? ;)

  2. Fernando dijo:

    Está perfecta la cabecera ;)

    Por cierto, puedes borrar estos comentarios si quieres y gracias.

  3. Ana dijo:

    No sé si será por la globalización o es que lo da la naturaleza del ser humano, pero el fenómeno “náquico”, como bien dice el articulista, es algo universal. En España, y dependiendo de la zona geográfica, tenemos al/a la hortera, paleto/a, cani… El mismo perro, con distinto collar.

  4. JF dijo:

    Se te olvido hablar de los que hablan como si trajeran una papa en la boca (iba a decir hocico pero prefiero guardar las formas) y que creen que no han salido de Mexico y pueden seguir pasandose de listos.

    saludos de un naco en Paris

  5. JOEL dijo:

    Recuerdo la frase en cuba de “todos somos Fidel”. La mismita cabe para “TODOS SOMOS NACOS” solo falta el momento justo para serlo.

  6. vic dijo:

    Ya te leí y esta es mi opinión: la idea de “Un Chilango en la Corte del Rey Juan Carlos” se veía bien al menos “en el tintero”. Ahora que te leí, creo que lo que escribes no rebasa de los límites de la corrección gramatical mínima. No veo ninguna audacia ni conceptual, ni política, ni informativa, ni cultural, ni conceptual que me interese especialmente. Quizás en el futuro. Tu correo amenaza con no ser el único que llegará a mi buzón, quiero saber cómo evitarlo. (Por cierto, dado que no se pidió mi permiso para mandarme estas cosas, te hago notar que sí esta sí que es una nacada, pero de muy mal gusto).

  7. fernando hoyos dijo:

    Mira, yo creo que el más naco de todos los nacos es Fox. ¡A quien se le ocurre ir a una cena de gala con los reyes de España de frac y botas vaqueras! solo a un gran naco.

Escribe tu opinión

*
To prove that you're not a bot, enter this code
Anti-Spam Image