Dos hechos indican que la Navidad ha empezado en España. Uno es un anuncio de cava de la empresa Freixenet (que intentaré colgar aquí), y otro es el sorteo de la Lotería de Navidad.

En pocos lugares del mundo el sorteo de Navidad causa tanta expectación como en este país. Los medios electrónicos de comunicación se aprestan a transmitir en vivo el sorteo y mucha gente hace cola desde la noche anterior (¡con el móndrigo frío que hace!) para conseguir un lugar en el auditorio en el que celebra el sorteo.

En general se apuesta mucho en España. Hay diferentes tipos de apuestas, los casinos son legales (supongo que hay lugares de apuesta que no son de dominio público) y los resultados de los partidos de fútbol se repiten en los noticieros para que la gente sepa si ganó o no en las quinielas. Hace años conocí un estudio que colocaba a España en el tercer lugar entre los países que más apuestan. Sólo lo adelantaban Estados Unidos y Filipinas.

La lotería de Navidad es especial. Y no sólo es por la cuantía de sus premios (El más choncho es de 3 millones de euros).

Existen otras razones.

Participaciones
No sé con exactitud desde qué mes del año se venden los billetes para este sorteo. Lo que si he percibido es que desde septiembre uno puede ver en las tiendas del barrio, en la panadería, en la carnicería, cartelitos que anuncian que ese negocio tiene el billete de lotería con el número tal y que venden “participaciones” de ese número. En las papelerías venden blocks impresos con bonos, en los que teóricamente se divide un cachito en 100 y se hace partícipe al poseedor de esa papeleta de un 1% del premio que pudiera tocar.

Es como si un cachito de lotería se pudiera partir en 100 pedazos. Otra opción es que a los clientes se les regala una participación de ese número.

Muchos grupos como asociaciones de vecinos o alumnos de escuela, se organizan para comprar lotería y a su vez vender participaciones aumentando un poco el precio para ganar algo.

A veces resulta abrumador enfrentarse a tanta lotería. No soy alguien interesado particularmente en estos juegos y prácticamente nunca he comprado un billete. Pero he visto a gente que aún cuando ha comprado en diversos lugares, si se les ofrece otro más dicen “¿y si toca este?” así que acaban comprándolo.

Algunos bribones se atreven a vender participaciones sin haber adquirido el número que venden. Y se ha dado el caso de gente que al salir premiado el número e intentan cobrar su parte, se dan cuenta de que fueron víctimas de una estafa.

Otra cosa curiosa es que un décimo de lotería puede ser un valorado regalo de Navidad. En México no se me hubiera ocurrido regalarle a alguien un billete de lotería por la Navidad.

Los medios de comunicación
Como ya se ha dicho más arriba, los medios de comunicación ponen mucho interés y “calientan” la fecha. Las principales estaciones de radio cambian su programación para transmitir las 4 horas del sorteo.

Es posible que exista tanto interés en el público que los medios sepan que es una buena oportunidad de ganar anunciantes en ese espacio.

Por otra parte, no recuerdo haber visto que los noticieros en México emplearan mucho tiempo para emitir toda la información de los premios, con conexiones en vivo a los expendios que vendieron los números ganadores, las reacciones de celebración y alegría de los “suertudos” y, en general, de la euforia que provoca la efímera lluvia de dinero. Hoy, 22 de diciembre, se celebró el sorteo y el noticiero de las 15 hrs. emitido por Televisión Española ocupó más del 50 % de su tiempo contando todo lo del sorteo.

No todo lo que brilla es oro
Es difícil pensar que haberse sacado la lotería podía ser negativo para alguien. He sabido que algunos de los pueblos en los que ha caído “El Gordo”, el premio no trajo sólo cosas buenas.

Y es que la euforia es muy peligrosa. La gente se pone como loca a comprar. Recuerdo aquel personaje de Benedetti que insultaba a su jefe pues se pensaba ganador de una lotería, cosa que después resultó una broma.

Pero no sólo. Abundan los pillos que intentan hacer negocio en esos momentos. Incluso los gerentes de las sucursales bancarias se acercan a la casa de los ganadores a ofrecer sus servicios. Se incrementan las ventas de coches caros, abrigos de pieles y demás artículos suntuarios. Eso trae como consecuencia que la vida en el pueblo en el que cayó un premio grande pueda resultar más cara por el aumento de los precios de casas y otros productos. Encima algunos premiados no se administran bien y gastan más de lo que puedan pagar. Es irremediable hacer otra referencia literaria: el carnudo amigo del protagonista de la novela Estas ruinas que ves, del magnifico Jorge Ibargüengoitia, se gana un premio y en la euforia pide prestado dinero para invitar la celebración. Al final no paga la deuda pues se gasta todo.

Habría que considerar en este extremo a gente que se dedica a buscar a los ganadores del sorteo con el objeto de ofrecerles más dinero por sus billetes premiados que la cantidad que les corresponde. Esto es un método de lavado de dinero.

El día de la salud
Popularmente se le llama así al día del sorteo y es una muestra de la resignación necesaria después de las ilusiones que se hace la gente con la posibilidad de salir de pobre. Me explico.

Pasa el sorteo, van saliendo los números premiados y veo que no resulto ganador. Se me mojan los ojos al ver la alegría de los otros. Como decía Roque Carbajo “me salgo a la calle buscando un consuelo…” y me encuentro a una amiga y le pregunto “¿Te tocó algo en la lotería?” ante la negativa intercambiamos una mirada cómplice y se pronuncian estas sabias palabras: lo importante es la salud.

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Una opinión en “La Lotería”
  1. Ana dijo:

    Y, pasada la lotería de Navidad, viene “la del niño”, el 5 de enero, como una nueva oportunidad para ser millonaria…
    Compré mucha lotería de Navidad en forma de participaciones. Como dice el chilango, te la ofrece todo el mundo: en las tiendas, en los bares, en las peñas, en las asociaciones. Te la ofrecen los albañiles y los abogados, los pescadores y los banqueros. Es un horror, en la mayoría de las ocasiones se adquieren por compromiso, sin ganas de gastar más dinero en juego.
    Aún no he comprobado mis números, pero supongo que terminaré celebrando el hecho de que estoy como una pera.

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