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Asuma que las distancias son dolorosas. Prepare boleto, pasaporte y ánimo suficiente para un mal trago.

Tome en cuenta que el equipaje siempre le pesará demasiado, que a pesar de ello todo el tiempo sentirá que le falta algo y que invariablemente habrá olvidado alguna cosilla.

Tenga en cuenta que al aproximarse al mostrador de la línea aérea, comenzará a sentir un temblorcito que ira en aumento a medida que entregue su boleto y pasaporte, le revisen la documentación, pesen su equipaje, le asignen el lugar y le digan que se vaya a la puerta de embarque. Pero el temblor aumentará cuando pase la aduana, acompañándole al abordar el avión y cuando coloque las maletas de mano, y no le abandonará hasta que el avión lleve un par de horas de vuelo.

Tome en cuenta que antes de pasar aduana y al despedirse de familiares y amigos, llorará sin consuelo. Prepare pañuelo, cleenex o paliacate para la ocasión. En todo caso es lícito emplear la mano para secarse las lágrimas.

No intente ligar con las aeromozas, tampoco espere grandes bellezas y, ni siquiera, un trato amable de su parte. A pesar de ello, es recomendable tratar cortésmente al personal de abordo. Por cierto que, en rigor, el piloto es el chofer del avión y las azafatas las meseras.

No beba mucho alcohol, ni aun cuando piense que viene incluido en el precio. Llegado el caso, emborráchese de recuerdos. Eso le impedirá hacer desfiguros y la cruda será menos paralizante.
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La caida de Edgar (versión original)


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Madrid.- desconozco si actualmente el tema del naco se debata aún en México. Hace unos años sesudos analistas, con el Monsi a la cabeza, describían e indagaban sobre el ser nacional. Creo que es un tema recurrente.

Pudiera ser un asunto baladí, menor si se quiere (no lo creo) pero es harto sabroso para hincarle los dientes desde Madrid. Primero quiero dejar establecido que no hay nada más naco que hablar de lo naco. Pareciera que hablar de ello nos aleja, nos aparta del calificativo pero acaba remitiéndonos, irremediablemente, a nuestra propia naquez. Y ese juego de avestruz es particularmente naco.

La naquez tiene muchas posibilidades. De esto se podría hablar mucho pero para simplificar digamos que cada clase social, si me permite emplear tales categorizaciones, tiene sus expresiones náquicas. Las de la clase media son especialmente abundantes, y tal vez las más grotescas. Van cuatro ejemplos de la naquez mexicana importada a Madrid.

Hace unos años andaba yo tarugueando por la Plaza Mayor y al ver unos escaparates oí que alguien detrás de mí hablaba con un fuerte acento mexicano. Me volví rápidamente para saludar a los paisanos, me daba gusto hablar con gente de mi país. Pero al advertir el tipo de personaje que era se me cortó el furor nacional: el típico señor moreno con bigotes de aguamielero, con lentes oscuros y cargado de oro en collar, anillos, esclava y dientes. Le decía a su mujer: “vieja entremos a esta pinche tienda, te la voy a comprar toda que para eso traigo harta lana”. Vino a mi mente el reportaje que PROCESO publicó sobre el Trampas, líder sindical de PEMEX. Era igualito. No hablé con él pues su prepotencia me hizo salir corriendo. (more…)

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